domingo, 9 de agosto de 2009

Análisis del guión de "Camino" de Javier Fesser

En esta ocasión voy a analizar el guión de “Camino”; la película de Javier Fesser estrenó el 17 de noviembre de 2008 y ganadora de seis goyas en la edición 2009 de los Premios Goya.

Me he decidido por este guión por la buena acogida de la crítica y los galardones recibidos, entre los que se encuentra el Goya al “mejor guión”. También por la dureza dramática de esta historia inspirada en hechos reales.

A pesar de que como digo es un guión basado en hechos reales (la última etapa de la vida de Alexia Gonzalez-Barros que murió a los 14 años, tras 10 meses de una dolorosa enfermedad que la dejó paralítica y postrada en cama. Era la menor de siete hermanos y recibió una estricta educación religiosa basada en el ideario del Opus Dei. Alexia está en proceso de beatificación), no voy a entrar a valorar si Fesser ha sido fiel o no a la biografía de Alexia. También quiero evitar cualquier juicio moral sobre la temática elegida por el autor (la influencia religiosa del Opus Dei en la vida cotidiana de la familia de Camino -nombre de Alexia en la ficción cinematográfica-.) y que ha provocado cierto revuelo, pues como guionista y titular de este blog, mi objetivo es valorar técnicamente la calidad de los guiones que pasan por el mercado español estén o no relacionado por autores de nuestro país, más allá del tema elegido por el autor; o si ese tema es controvertido o no. Opinar sobre el acierto del tema es un asunto extra-cinematográfico y más propio de la crítica periodística que del análisis dramática-narrativa. Por ello me centraré exclusivamente en la corrección técnico-dramática del guión.

Comencemos. Para saber si un guión está o no técnicamente bien escrito, debemos empezar por preguntarnos sobre qué va la película. Qué nos ha querido contar, o mejor dicho, mostrar (estamos en cine). E intentar expresarlo en una frase lo más claramente posible. Y en este sentido, son tres las opciones que os propongo para que juntos logremos elegir la que más se acerca a la realidad narrativa de la película. Este relato cinematográfico va sobre:

¿Cómo, Camino, una niña de 11 años, se enfrenta a una enfermedad terminal con ayuda de sus padres y sus creencias religiosas?

¿O cómo las creencias de una madre impiden a una niña disfrutar de sus sueños y deseos ante de que una terrible enfermedad se cebe con su vida?

¿O quizás, cómo una enfermedad terminal acaba con los sueños de una niña educada bajo los valores cristianos del Opus Dei?

Fijaos que aunque estos tres enunciados contengan lo que desde mi punto de vista son los principales elementos dramáticos que determinan la trama principal de este emotivo drama: la enfermedad terminal de Camino, el deseo de la niña de practicar teatro y estar cerca del chico que le gusta, y el empeño de una madre por que su hija conduzca su vida y se enfrente a su enfermedad según la doctrina que dicta el Opus Dei; no es lo mismo uno, que otros.

Podemos comenzar por aclarar que las tres opciones contienen un elemento en común: una niña que desea hacer aquellas cosas habituales de una chica de su edad: teatro, estar con sus amigas, enamorarse, y por supuesto, hacerlo desde la educación que le han inculcado sus padres. Sin embargo, la cuestión a resolver, y que constituye el elemento diferenciador de las tres propuestas anteriores, es quién le impide realizar sus deseos personales: ¿su madre, sus amistades, el chico que le gusta, o una enfermedad terminal? Si respondemos a esta pregunta daremos con la clave que nos permitirá averiguar cuál de las tres opciones es la correcta. O lo que es lo mismo, cuál es la cuestión o conflicto principal de esta drama.

Recurramos a los hechos acaecidos en la película para tratar de hallarlo.

Es cierto que desde el principio de la historia se van compaginando situaciones alternativas donde se nos muestra por activa y por pasiva que la madre le reprocha constantemente a su hija que se interese más por las cosas propias de su edad (los vestidos alegres y vivos, ensayar teatro, o divertirse con sus amigas), que por amar y entregarse a la Obra de Jesús (el dios cristiano).

En cambio, su enfermedad le impide participar en el montaje teatral, estar cerca del chico que le gusta, e incluso lleva a impedirle ir a clase. Es más, podría afirmarse categóricamente que su temprana muerte no le permite a su madre siquiera soñar con que su hija pequeña sigua los pasos de Inés, su hija mayor, como numeraria de la Obra del Opus Dei.

¿Entonces por qué da la impresión a lo largo de la película que la intención del autor es reflejar como el fundamentalismo religioso es el que impide a la protagonista gozar de los placeres típicos de su edad y no su enfermedad? Esto nos lleva a otra pregunta:

¿Qué ha intentado mostrar Javier con esta historia?

Volvamos a los hechos narrados en la película.

Al principio, cuando Camino y su madre van al médico, la protagonista se acerca con ilusión a un escaparate donde un maniquí luce un vestido rojo que le ha gustado. Su madre, en cambio, no lo ve apropiado para una niña de su condición. Un poco después, en la Feria del Libro de Madrid, Camino insta a su madre que le compre un cuento, pero ésta le adquiere la biografía de una monja que ha renunciado a los placeres mundanos por amor a Dios. Más tarde, la madre cede y asiste a un ensayo de una obra de teatro que preparan sus compañeros y compañeras para dar su aprobación (por cierto, exageradamente provocador), pero a la madre le parece demasiado inapropiado para su educación, aunque todo queda en un “¡ya veremos!”. Así podríamos seguir hasta el final de la película donde se retrasa la decisión con continuas excusas destinadas a evitar el no categórico. Entonces, cuando tanto el padre como la madre acceden a que su hija haga teatro, la enfermedad ya no se lo permite.

Es claramente reconocible que su madre no se lo pone fácil, pero, como decía más arriba, lo que verdaderamente impide que ella cumpla sus deseos es una enfermedad terminal.

Por ejemplo, lo primero que nos muestra el autor después de su muerte en el hospital, es decir cuando comienza la historia es como la madre de Camino saca a ésta de clase para llevarla al médico. Aproximadamente en el minuto 17’ de la peli, Camino sufre un fuerte dolor de espalda cuando baila de felicidad en su casa tras haber estado con el chico que le gusta. Unos minutos después, la protagonista sale de un curso de cocina organizado por el Opus, tiene una recaída que la empotra en la cama, y, por tanto, no le permite acercarse al chico que le gusta, ni le deja argumentos para convencer a su madre de hacer teatro. Luego, en el minuto 43’, Camino celebra su cumpleaños en el cama de un hospital después de una intervención quirúrgica. Y a pesar de que el autor insiste, una y otra vez, en mostrar a su madre y sus creencias como las responsables de las desdichas de Camino en las pesadillas que tiene la niña, es la enfermedad la que le producen malos sueños, y, por tanto, la enfermedad la que le agua la fiesta de su vida tanto soñada o real. Por tanto, queda de nuevo claro que es la enfermedad la antagonista de la historia y no las creencias religiosas de su madre.

Demostrado cuál es la cuestión principal de la historia, analicemos, ahora, la fuerza dramática de este conflicto principal que sostiene a todo el relato, y por extensión, la dirección de los actores, la interpretación, la puesta en escena, en definitiva, toda la película: la enfermedad.

¿Es una enfermedad un elemento dramático con fuerza suficiente como para soportar el peso sustancial de un relato cinematográfico?

Veamos. ¿La enfermedad de Camino ha sido provocada por una mala educación o por una falta de cuidado y mimo por parte de sus progenitores? No. ¿Ha sido adquirida por algún comportamiento peligroso o insano de la protagonista? No. ¿O por algo en general o particular que la protagonista haya podido evitar o corregir? Categóricamente, no. Entonces podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la enfermedad que se cruza en la vida de la protagonista es un hecho accidental, si no fruto de azar, al menos, de origen injustificado, y, por consiguiente, no es un hecho dramático.

Es decir, la enfermedad es una desgracia inevitable en su vida, y no ha sido producida por su apego a la Obra, o porque tenga una madre fundamentalista religiosa. Lo que viene a restar dramatismo a la historia.

Sí es un hecho dramáticamente justificado que su hermana haya renunciado a su novio y su gusto por la música para ingresar como numeraria en la Obra del Opus, por supuesto por deseo de la madre. Máxime cuando el autor nos muestra a Inés como una joven que continuamente duda de que su reclusión religiosa sea lo mejor para ella. Pero la vida de Inés sólo es una sub-trama de la película que cumple la función de ser una referencia comparativa para la protagonista, y no la trama principal. Por tanto, la enfermedad biográfica del personaje real que representa Camino, se convierte en una losa anti-dramático para los planteamientos narrativos del autor. Y es aquí donde radica el principal problema dramático del guión. Está apoyado plenamente por un hecho accidental y no dramático.

Por lo tanto, el autor no ha dado opciones a la protagonista para luchar contra el verdadero impedimento de su felicidad: la enfermedad. Y por consiguiente, tampoco ha ofrecido opciones al espectador para que una vez identificado con la protagonista y su infelicidad pueda luchar contra ella. Por ello, ha condenado a Camino y al público a un ejercicio de masoquismo puro y duro.

¿Ha sido eso lo que pretendía Javier: hacer sentir al espectador la misma impotencia y sinrazón que la protagonista? Si perseguía eso, lo ha conseguido. Pero lo que el autor no ha logrado, o no ha permitido al espectador hacer, es gozar del poder catártico o medicinal que produce la narración de una historia ya sea oral, literaria, teatral o cinematográfica, y que desde que el hombre es hombre ha ayudado, a través de la identificación, a éste a superar las frustraciones o deseos incumplidos de la dura realidad.

Por eso, todo ejercicio dramático debe dar al protagonista opciones de lucha. Ya lo dejó registrado adecuadamente Aristóteles en su “Poética”, cuando sentó con este tratado las bases de los elementos constitutivos de una comedia o una tragedia. Y que, aún hoy, se mantiene vigente y defendido por los expertos en estructura dramático-narrativa.

Pero entonces, ¿cuál sería una solución dramáticamente aceptable al conflicto planteado por el autor?

Para que el guión hubiera ganado en fuerza dramática el autor podría haber dejado la enfermedad en un segundo plano, no permitiendo que decidiera la infelicidad de la niña, y centrar la cuestión principal en el conflicto entre una madre y su hija; o dos posturas opuestas de afrontar una enfermedad terminal. Estas dos posturas serían: por un lado, la de una madre que intenta que su hija abandone todo deseo terrenal y personal para entregarse a los designios del Señor, e incluso a sabiendas que su hija tenía los días contados; y por otra, la de una preadolescente que desea hacer teatro para estar cerca del chico que le gusta; así como realizar otras cosas propias de su edad. Esta habría sido una opción verdaderamente dramática, y que, además, le hubiera permitido al autor no renunciar a los hechos reales en los que supuestamente ha basado o inspirado su película. Me refiero, como no, a la enfermedad.

Pero no sólo no ha hecho esto, sino todo lo contrario. Camino, siempre procuró conciliar creencias religiosas, deseos carnales y enfermedad. Lo que denota ausencia total de conflicto con estos hechos.

Seguramente la realidad biográfica de Alexia esté más cerca de la película de Fesser, que de la alternativa dramática expuesta por mí. Y aquí radical el principal problema de dramatizar una biografía. La vida de una persona puede que tenga grandes momentos de dramatismo. Y es posible que estos momentos inviten a un escritor a relatarlo. Pero cuando dramatizamos, no seguimos las leyes de la realidad (éstas normalmente no tienen resolución -por eso hacemos cine-), sino la de la lógica dramática. Es decir, estamos obligados a ficcionar para imprimir sentido y superar la frustrante realidad. Sólo así emocionaremos al espectador y conseguiremos que se interese por lo narrado. Si no lo hacemos, corremos el peligro de retratar la realidad tal cuál es con sus lagunas, sus incongruencias y momentos anodinos que no despiertan interés alguno. Como he dicho ante. ¿Y quién pagaría por ver la realidad?, si la ve a diario en calle gratis.

Creo que con lo argumentado que claro que la elección del autor de condicionar la suerte de la protagonista a un hecho accidental, como es la enfermedad terminal, no ha ofrecido al espectador todo el potencial dramático posible con esta historia, y por lo mismo, construir un buen guión.

Esto no significa que el guión no tenga muchos aciertos y momentos de gran intensidad dramática. Por ejemplo, el tramo final del relato es muy emocionante; o el recurso narrativo del doble sentido y juego entre la Obra del Opus y la obra de teatro; entre el Jesús Deidad y el Jesús terrenal. Este recurso, que atraviesa longitudinal y transversalmente el relato, es muy atractivo. Sin obviar, también, los trabajos de dirección, realización e interpretación que son excelentes. Aspectos artísticos todos ellos que ha llevado a esta película a ganarse el cariño y el respecto del público y la crítica. También, el mío.

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